Elena González de Livingstone Partners nos cuenta su viaje a Zambia

Elena González fue galardonada como «Trabajadora del año» de las oficinas internacionales de Livingstone Partners. Su premio fue un viaje para visitar los proyectos de la Fundación Livingstone en Zambia. Ha compartido sus experiencias y nos ha dado permiso para publicar su informe en nuestro blog.

VIAJE A ZAMBIA – EL PAÍS DE LA FELICIDAD

Me ha costado volver a la realidad después de un viaje tan impresionante a un país tan maravilloso. Siendo mi primer viaje a África, tengo que confesar que al principio estaba un poco nerviosa, pero era por no saber lo seguro y fácil que iba a resultar aquel país y, en consecuenia, todo el viaje. Esperaba una buena dosis de aventura y la verdad es que eso no faltó.

Mi viaje tuvo lugar del 28 de abril al 8 de mayo. Tras meter en la maleta ropa de verano y todo tipo de artículos de botiquín sin olvidar las pastillas para la malaria, mi amiga Marja y yo embarcamos en nuestro viaje. Disfruté la experiencia de subir por primera vez a un A380, ver los rascacielos de Dubai y el desierto… Una vez en Lusaka la aventura comenzó: nos subimos a un pequeño, pero bien mantenido, avión donde el auxiliar de vuelo tenía que hacer el papel de 3 personas: acomodarnos, darnos instrucciones de seguridad y, llegado el momento, ofrecernos un fantástico snack de patatas fritas locales.

El interior del avión de Lusaka a Mfuwe

Fue una de las primeras experiencias con la gente local de Zambia que son tan amables y simpáticas, siempre dispuestas para hablar contigo, ayudarte, enseñarte, preguntarte y siempre contentos de entablar una conversación con extranjeros y compartir historias.

“Los niños no lloran en este país” – fue el primer comentario de mi amiga. Viajan pegaditos a la espalda de sus madres y no parecen tener miedos ni emergencias, porque se sienten seguros y cuidados. Los niños más mayores son simpáticos, respetuosos, muy callados y educados, como tuvimos ocasión de comprobar en algunas aulas y museos. ¡Tan distinto a la cultura de España!

Antes del viaje habíamos leído sobre las dificultades que tienen para conseguir una educación adecuada, sobre todo en matemáticas, tan importantes para acceder a la secundaria, pues si faltan a la escuela por una enfermedad o por quehaceres domésticos, se quedan atrás y les cuesta mucho ponerse al día con los niveles exigidos cada año. Afortunadamente, muchas cosas han cambiado en las áreas donde la Fundación Livingstone ha actúa.

Desde nuestra tienda en Flatdogs, con el rio Luangwa al fondo

Al llegar a nuestro lodge – Flatdogs Camp – (más tarde supe que “flatdogs” es el nombre que se les da allí a los cocodrilos, lo cual me habría hecho estar mucho más atenta si hubiera sabido que de noche eran visitantes frecuentes del lugar), nos recibió Lydia, una maravillosa mujer que nos hizo sentir como en casa. Ella nos dio todas las “instrucciones de seguridad”: – “No salgáis de noche por vuestra cuenta, llamad siempre con la linterna a uno de los vigilantes si quereis salir de la tienda; – No dejéis la cremallera de la tienda abierta, ni los candados sin cerrar, ni la llave en los candados: los monos y babuinos son expertos en abrirlas y les encanta entrar y revolver; – No dejéis vuestros objetos personales en el baño, pues al estar abierto al exterior, los monos pueden entrar y les encanta montar una fiesta con el papel higiénico y la pasta de dientes; – pero sobre todo tened cuidado con los animales grandes, de día y de noche, ya que pueden resultar muy peligrosos”.

La noche de nuestra llegada se oía de muy cerca el canto de los hipopótamos, un extraño sonido que aún no sabíamos reconocer. Descubrir a la mañana siguiente la exuberante naturaleza que nos rodeaba, fue una experiencia que no olvidaré. Una gran familia de hipopótamos nadaba justo en frente de nuestra tienda y ver hipopótamos tan cerca por primera vez es impresionante… aunque pierde algo de fascinación al tercer día: verás que hay hipopótamos por todas partes a lo largo del río Luangwa. ¡Hay más hipopótamos que piedras!

Elena disfrutando de la vista del rio desde el campamento

El Luangwa es el único río de Zambia que está libre de intervención humana en todo su cauce. Por eso está lleno de naturaleza salvaje, animales y plantas, tal como lo estaba hace cientos de años. Allá a dónde vas, tienes la sensación de estar viendo naturaleza en estado salvaje, como si hubieras retrocedido en el tiempo y es impactante. Sin necesidad de salir del campamento, podías ver y escuchar docenas de especies de pájaros, monos, elefantes, hipopótamos, reptiles, insectos tropicales… Cuando ya salías de safari por el parque natural, la sensación se acrecentaba con la al avistar leones, cocodrilos, búfalos, jabalís, leopardos, cebras y jirafas. Pudimos ver un montón de impresionantes especies salvajes gracias a nuestro fantástico guía, Kennedy, que nos señalaba hasta los más difíciles de ver, en los safaris de día y de noche que hicimos en el Parque Nacional de South Luangwa. Incluso de noche un pequeño camaleón de apenas 8 centímetros que vio al pasar junto a un arbusto (este simpático animalito: lo tuve un ratito en mi mano y me enamoré ¡aún lo extraño!)

Además de la fascinante naturaleza, disfrutamos mucho conociendo a las personas que han hecho posible los proyectos de la Fundación Livingstone en Zambia. Karen y Dave son dos británicos afincados en este país hace muchos años, que han tenido mucho éxito canalizando inversiones y compritas de los turistas, para realizar proyectos maravillosos que han mejorado la vida de los niños y las familias de la región. Ellos mismos nos contaron lo agradecidas que estaban las comunidades que pueblan la zona de la Escuela Kápita, donde la Fundación Livingstone ha construido una nueva escuela con varios edificios, ha equipado una biblioteca y ha implementado el programa de matemáticas de Edulution para todos sus alumnos.

Los niños salían entusiasmados de Kapita para recibirnos

La Escuela Kapita no estaba muy lejos del campamento, pero las carreteras de arena, que se llenan de enormes baches durante la estación lluviosa, hacen que las distancias parezcan enormes. La escuela atiende a unos 600 niños en turnos de mañana y tarde hasta el final de la educación primaria. Vimos algunos de los niños que viven en las chozas que hay junto a la escuela, que suelen ir al patio a jugar con sus pelotas, hechas de varias capas de bolsas y plásticos atadas con una cuerdecita. Fue buena idea haber llevado algunas pelotas en la maleta. Viendo esto entendimos la importancia de estos pequeños detalles. De camino a la escuela, Dave nos contó como la construcción de los pozos que daban suministro de agua a los asentamientos junto a la escuela había sido clave para cientos de familias que viven cerca y que notaron una gran mejoría en sus vidas. Pero las corrientes subterráneas parecían estar cambiando de curso y estaban preocupados de poder mantener el suministro de agua con esos pozos, pues en esa zona es verdaderamente difícil encontrar agua.

Grupo pequeño de estudio, algo necesario cuando las clases son tan grandes

En la escuela nos recibió el Jefe de Estudios, Mr. Gilbert. Tras enseñarle los libros y materiales que habíamos traído en nuestras maletas, él nos enseñó la escuela y nos habló sobre los niveles tan bajos de los niños de Zambia en matemáticas, ¡el más bajo de todo el mundo! Allí estaban cambiando las cosas con el programa de “Edulution” que a través de un software instalado en tablets, que van actualizando periódicamente con un servidor, pueden enseñar matemáticas a los niños y evaluar sus progresos. El programa está financiado con donaciones con las que se retribuye a los estudiantes de secundaria o educación superior que colaboran dando clases y supervisando el progreso de los niños. Si los niños van superando niveles con éxito, ellos reciben una retribución y con esta consiguen avanzar en sus propios estudios y apoyar a sus familias. La implementación de Edulution en la Escuela Kapita fue financiada por Livingstone Partners, y Gilbert nos contó que en muy poco tiempo habían pasado de tener un resultado medio del 10% en Matemáticas a superar el 50%, demostrando el éxito de este programa. Ahora muchos niños pueden acceder a la educación secundaria, para lo que sus resultados de Matemáticas eran una importante barrera.

Taller de carpintería con Elena, Karen Beattie directora de Project Luangwa

En la oficina y la tienda de Project Luangwa donde está la base de Karen y Dave quienes también nos acompañaron a la escuela, vimos la manera en que hombres y mujeres aprendían algunos oficios y artesanías: costura, tallado de madera, trabajos en metal, cestería… Hacían un montón de objetos maravillosos, muy adaptados al gusto europeo pero sin perder su toque étnico y tradicional. El dinero que consiguen con la venta de estos artículos se usa para financiar un programa de estudios para chicas jóvenes, a las que patrocinan para poder estudiar la secundaria. Allí tuvimos ocasión de conocer un día a Mailess, una joven patrocinada por Jeroen y Zulema Rijk, que fueron nuestros compañeros de viaje desde el tercer día.

En Chikowa con el Hermano Francisco (camiseta amarilla) entre Jeroen y Zulema

Con Jeroen y Zulema tuvimos ocasión de seguir viajando y fuimos a la Escuela de Oficions Chikowa, donde Jeroen había organizado a través de Ritchie Brothers International Auctioneers la donación de herramientas y maquinaria y varios tractores a Chikowa. Allí conocimos al Padre Francisco, al Padre Luigi, y Antoine, un voluntario que llevaba algo más de un año en el programa. Conocimos la fantástica comunidad educativo que han creado, con más de 100 estudiantes en los distintos cursos que ofrecen: carpintería y ebanistería, mecánica de automóviles, albañilería y agricultura. El lugar era la más maravillosa “Hacienda” que he visto, muy ordenada y bien organizada. A través de los productos que generan – tanto los de sus cultivos, como los muebles que salen de sus talleres – consiguen financiar los estudios y manutención de todos los estudiantes que ofrece esta Misión y hacer que aprender una profesión sea mucho más accesible para ellos.

Invernaderos donados por la Fundación Livingstone

Después de un largo paseo por las instalaciones para visitar las clases, comedor, aula de ordenadores, llegué al lugar donde en la distancia se veían los cultivos y los invernaderos. Estaban tan lejos que mis dolidos pies se acobardaron por un momento… pero gracias a una tirita de mi botiquín, pude seguir andando y descubrir con fascinación un montón de cultivos que resultaron muy interesantes (además de exóticos). Aprendimos mucho de ese paseo. La Fundación Livingstone ha donado a este centro varios de los invernaderos donde ahora pueden cultivar muchas especies de hortalizas, frutas y vegetales que requieren las condiciones especiales que les aporta esta instalación y ahora podían tener varias cosechas sucesivas de especies que normalmente sólo dan frutos una o dos veces al año. La fundación también ha aportado maquinaria agrícola para facilitar el trabajo. Con aquel recorrido pude ver también los distintos tipos de tejidos y extrusiones plásticas: films, mallas, cubiertas, pantallas y otros elementos que en España fabrica alguno de nuestros antiguos clientes… Aprendizaje práctico ;- )

El sexto día de nuestro viaje viajamos a Livingstone y visitamos las Cataratas Victoria. Disfrutamos de las majestuosas vistas del agua que truena “Mosi oa Tunya” (literalmente, “El Trueno que ruge”) y nos calamos a pesar de haber alquilado unos chubasqueros. Gracias a Dios, nuestras cámaras sobrevivieron al agua y la bruma del lugar. Las vistas al atardecer desde el lugar donde acaba el manso río Zambeze y comienza la caída del agua fueron una de las visiones más bonitas que mis ojos recordarán. Un lugar para haber pasado un día entero observando.

El museo de  Livingstone tenía multitud de materiales para aprender sobre el país, sus costumbres y la época colonial. Explicaba cómo empezó el país de Rodhesia siendo un protectorado de Inglaterra para defender a sus gentes y tribus de una probable colonización por parte de los portugueses que habitaban al Este y al Oeste. Vimos la Sala del Dr. Livingstone con muchos objetos personales, cartas y fotos. La ciudad tiene muchos edificios coloniales construidos en la época de su fundación con una apariencia muy peculiar. Allí pasamos un buen rato explorando las artesanías de los mercados.

Cuaderno de viaje de Elena

Por donde íbamos, nos dábamos cuenta de que el consumismo se mantenía en la mínima expresión. Muy distinto a Europa; no había plásticos, no había envases de un solo uso, ni cigarrillos, ni suciedad. Lugares limpios y puros, paisajes sobrecogedores, alegría, paz, exuberancia. Este país me ha ofrecido multitud de nuevas sensaciones y mucho sobre que reflexionar. Definitivamente, me encantaría volver algún día. Entre tanto, ya estoy viajando de nuevo, esta vez a través de las palabras y las memorias del Sr. Livingstone en sus “Viajes e Investigaciones de un Misionero en Sud Africa”, que he descargado en mi libro electrónico. Y pensando sobre el impacto tan positivo que hemos conseguido desde Fundación Livingstone para ese lugar tan remoto, genuino y feliz.

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¡Gracias Elena por compartir tus experiencias con tanta sinceridad y entusiasmo!

 

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